La semana pasada, en mi clase de Perspectivos de Latín América, miramos la película Voces Inocentes. Era una película muy buena y triste. Era sobre la viva de Chava, un chico tiene once años. El vive en El Salvador durante la guerra civil en una comunidad muy pobre. La historia viene de su vida. Pienso que sabiendo esta hace el cuento tan mucho triste.
La película empieza cuando Chava y sus amigos andamos con los brazos son en las cabezas y con soldados con armas siguiendo ellos. Luego, ves Chava y su amigos jugando a fuera. Muchos cosas pasan a Chava, las buenas mezcla con las malas. Una noche cuando una escaramuza pasa en su barrio, Chava, su hermana y su hermanito se esconden debajo de su cama evitar las balas y juegan con la barra de labios de su madre. Pero en otra escaramuza, la amiga mejor de su hermana muere. Chava enamora con una chica en su clase a escuela y a escuela el ejército viene llevar los chicos más viejos de doce. Y la misma chica es desparecida. Chava trabaja para un conductor de autobús, un trabajo muy popular en El Salvador, y más tarde, Chava y sus amigos juegan a que son conductores y dan notas a todos en el barrio, diciéndolos que el ejército recluta mañana. Según su madre, ni los guerrillas ni los soldados tienen la idea correcta. En el fin, Chava y tres de sus amigos decide hacer socio de las guerrillas y se ponen capturas, mientras su casa quema. Dos de los amigos se asesinó, pero Chava es salvado por los guerrillas.
Esta historia es triste porque estas cosas se ocurrió y porque pasan a un niño. Chava tenía suerte porque él escapa, pero otros no escapan. Ahora la situación en El Salvador es más mejor, pero los cicatrices son todavía allí.

Mi prima favorita (y mi primastra).